Nazareno de San Pablo recorrerá Caracas por el coronavirus

A través de la cuenta Oficial de la red social de Twitter de la  la Arquidiócesis de Caracas, se informó que una vez terminada la cuarentena  preventiva ante la propagación del coronavirus y las condiciones estén dadas, los fieles podrán acudir a la Basílica de Santa Teresa a venerar al Nazareno.


Para el día miércoles santo fue aprobado por el Consejo de Gobierno de la Arquidiócesis de Caracas un  recorrido de la imagen del  Nazareno de San Pablo por la s calles de Caracas a partir de las 9 de la mañana.

El Cardenal Baltazar Porras describió la ruta que  recorrerá gran parte de la ciudad y pidió comprensión por el trayecto señalado, de la misma manera indico el Cardenal que las parroquias que esten interesadas podrán organizar traslados con la imagen del Nazareno en sus sectores.

La Arquidiócesis hizo un llamado a los fieles que p or tradicion  pagan promesa en la epoca de Semana Santa al Nazareno de San Pablo, «ofrézcanla desde sus hogares. una vez que pase la cuarentena tendrán ocasión de ir a la Basílica de Santa Teresa».

Cuenta la historia que en el siglo XVII, la «peste del vómito negro» asolaba a la entonces pequeña Caracas, hasta que ocurrió el milagro del Nazareno de San Pablo que, en procesión, se enredó con un gran árbol de limón: el que bebió de sus frutos recobró la salud

«Sobre la cruz en procesión, en la esquina de Miracielos, ¡el limonero del Señor…!”, así finaliza el poeta cumanés Andrés Eloy Blanco, su célebre escrito sobre la historia del milagro del Nazareno de San Pablo.

En el artículo para El Estímulo, el periodista Rubén Rojas explica cómo ocurrió el milagro del Nazareno y cómo, a pesar de haber sido golpeados por varias plagas y epidemias a lo largo de la historia, en la memoria de los caraqueños persiste la del vómito negro del siglo 17.

Inspirado en estos testimonios de la fe criolla, nuestro insigne y más querido poeta, Andrés Eloy Blanco, escribiría su poema “El limonero del Señor”:

En la esquina de Miracielos
agoniza la tradición.
¿Qué mano avara cortaría
el limonero del Señor…?
Miracielos; casuchas nuevas,
con descrédito del color;
antaño hubiera allí una tapia
Y una arboleda y un portón.

Calle de piedra; el reflejo
encalambrado de un farol;
hacia la sombra, el aguafuerte
abocetada de un balcón,
a cuya vera se bajara,
para hacer guiños al amor,
el embozo de Guzmán Blanco
En algún lance de ocasión.

En el corral está sembrado,
junto al muro, junto al portón,
y por encima de la tapia
hacia la calle descolgó
un gajo verde y amarillo
el limonero del Señor.

Cuentan que en pascua lo sembrara,
el año quince, un español,
y cada dueño de la siembra
de sus racimos exprimió
la limonada con azúcar
Para el día de San Simón.

Por la esquina de Miracielos,
en sus Miércoles de dolor,
el Nazareno de San Pablo
Pasaba siempre en procesión.

Y llegó el año de la peste;
moría el pueblo bajo el sol;
con su cortejo de enlutados
pasaba al trote algún doctor
y en un hartazgo dilataba
su puerta «Los Hijos de Dios».

La Terapéutica era inútil;
andaba el Viático al vapor
Y por exceso de trabajo
se abreviaba la absolución.

Y pasó el Domingo de Ramos
y fue el Miércoles del Dolor
cuando, apestada y sollozante,
la muchedumbre en oración,
desde el claustro de San Felipe
hasta San Pablo, se agolpó.

Un aguacero de plegarias
asordó la Puerta Mayor
y el Nazareno de San Pablo
salió otra vez en procesión.

En el azul del empedrado
regaba flores el fervor;
banderolas en las paredes,
candilejas en el balcón,
el canelón y el miriñaque
el garrasí y el quitasol;
un predominio de morado
de incienso y de genuflexión.

¡Oh, ¡Señor, Dios de los Ejércitos!
La peste aléjanos, ¡Señor…!

En la esquina de Miracielos
hubo una breve oscilación;
los portadores de las andas
se detuvieron; Monseñor
el Arzobispo, alzó los ojos
hacia la Cruz; la Cruz de Dios,
al pasar bajo el limonero,
entre sus gajos se enredó.

Sobre la frente del Mesías
hubo un rebote de verdor
y entre sus rizos tembló el oro
amarillo de la sazón.

De lo profundo del cortejo
partió la flecha de una voz:
¡Milagro…! ¡Es bálsamo, cristianos,
el limonero del Señor…!

Y veinte manos arrancaban
la cosecha de curación
que en la esquina de Miracielos
de los cielos enviaba Dios.
Y se curaron los pestosos
bebiendo el ácido licor
con agua clara de Catuche,
entre oración y oración.

Miracielos: casuchas nuevas;
la tapia desapareció.
¿Qué mano avara cortaría
el limonero del Señor…?
¿Golpe de sordo mercachifle
o competencia de Doctor
o despecho de boticario
u ornamento de la población…?

El Nazareno de San Pablo
tuvo una casa y la perdió
y tuvo un patio y una tapia
y un limonero y un portón.
¡Malhaya el golpe que cortara
el limonero del Señor…!

¡Mal haya el sino de esa mano
que desgajó la tradición…!
Quizá en su tumba un limonero
floreció un día de Pasión
y una nueva nevada de azahares
sobre la cruz desmigajó,
como lo hiciera aquella tarde
sobre la Cruz en procesión,
en la esquina de Miracielos,
¡el limonero del Señor…!


Noticiero Venezolano | O.H. 

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